Mea culpa

En uno de mis primeros post del anterior (in)existencias, hablaba sobre los libros digitales y los físicos, donde afirmaba que empezaría a leer dos libros: Uno llamado Demasiado amor de Sara Sefchovich y el otro, Pedro Páramo de Juan Rulfo.

Ninguno de los dos los terminé.

Es vergonzoso tener que decirlo pero tambien es de responsables hacerse cargo de lo que sale bien y lo que sale mal.

Mea culpa.

Sí, no pude leer un solo libro completo durante 2014.

¿Por qué? “No fue un año fácil para mi”, “La vida de casado es muy absorbente”, “No hay tiempo para leer” y otras respuestas por el estilo podría decir en mi defensa.

La lectura es una actividad que requiere del 99.9% de tu atención. Es introspectiva, porque cuando lees, te adentras en el universo de la historia y, de cierta manera, te olvidas del mundo exterior.

En mis tiempos de soltero, mi escasa capacidad de relacionarme con la gente me brindaba algo de tiempo para hacer otras actividades por las que tomé gusto. Una de ellas era la lectura.

Cuando me casé, cambiaron un poco las cosas. Mis tiempos de lectura se reducían a mis trayectos de regreso a casa -ya que en los de camino al trabajo iba más bien… dormido-. Dos horas o un poquito más para echarme las páginas de un buen libro.

En conclusión: dejé de leer por las presiones que traía encima, porque ahora la prioridad no es ver que nueva lectura encontrar, sino el cómo le vamos a hacer para sobrevivir. También porque ahora ya no hago más de media hora de mi casa a mi centro de trabajo, o porque de repente me da por estar más tiempo conviviendo con mi esposa, con mis pequeños sobrinos, etcétera.

Uno de mis propósitos para este 2015 es volver a leer. Y lo estoy logrando poco a poco, intentando encontrar espacios en mi día. Ahora me doy tiempo para llegar a casa y, si mi mujer no ha llegado, pongo música en el minicomponente (en estas fechas ha sido el álbum homonimo de Portishead) a través del cable auxiliar, me siento en el viejo pero cómodo reposet de la sala y continúo la lectura de Pedro Páramo justo cuando Eduviges escucha el caballo del hermano de Pedro Páramo, Miguel…

¡Hasta siempre, abue querida!

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Todo pintaba para ser un día normal… bueno, casi, porque mamá estaba al pie del cañón en el hospital, esperando una buena noticia que te permitiera, como en ocasiones anteriores, salir avante y regresar a casa.

No fue así.

Quizá ya le pedías a Dios que te llevara porque era muy difícil estar casi todo el tiempo en cama, sobre todo para ti, que fuiste una mujer activa y trabajadora. Recuerdo que a ti te gustaba mucho arreglar las cosas de la casa, porque para ti, “todo tiene solución, menos la muerte”.

Tuve el privilegio de vivir a tu lado desde que tengo memoria y hasta que la vida me llevó al lado del amor de mi vida. Fuiste mi segunda mamá y siempre estabas al pendiente de mi consolando el dolor de los regaños de mamá, cuidándome cuando estaba enfermo, cocinando mis platillos favoritos, riendo juntos. Hubo regaños y momentos amargos, sí, pero me gusta quedarme con lo bonito que vivimos.

Cuando Thelma me dió la noticia, no la creí. Es una broma, una pesadilla de la que pronto despertaré… No, era la más cruda de las realidades. El 9 de enero de 2015 se convirtió en el peor día que he tenido hasta ahora.

Me costó verte en el ataúd porque siempre estuviste llena de vida, de amor. Y lo diste a manos llenas a todos los que te queremos. Nunca me faltó brindarte un abrazo sincero o un beso, ni decirte lo mucho que te quiero. Tuvimos la oportunidad de escuchar, ver y sentir todo el cariño que nos tenemos en vida, ya sea en algún fin de clases, en mi boda o cuando terminé el curso de coaching.

Hoy, solo le pido a Dios y a Jesús que allá arriba te cuiden mucho. Estoy seguro que ya te reuniste en los cielos con tu madre y tu abuelo, a los que tanto adoraste. Mientras tanto, quédate tranquila, yo cuidaré de mamá y de mi tía que me necesitan más que nunca.

Gracias por todo, abue querida ¡Hasta siempre!

2014

2014 no fue un año fácil.

Hubo sucesos que me hicieron recordar lo frágil que es nuestra existencia, pero a la vez, recordé que, gracias a Dios y al amor que le temeos a la vida, podemos ser más fuertes que cualquier problema.

Volvió la eterna encrucijada de no saber que hacer, solo que la ecuación tenía un factor más: mi matrimonio. El tiempo personal se reduce cuando tienes una familia que mantener pero no por eso debes olvidarte de tus sueños.

No pude terminar de leer un solo libro. No es un motivo de orgullo, ni tampoco uno de tirarse al piso, es una oportunidad para descubrir que todo lo que quiero se puede lograr. Solo hace falta orden.

Fracasos laborales… pfff. De esos he perdido la cuenta. Llegué a un lugar de trabajo en el que, tal vez, no me ocupo mayoritariamente en las cosas de mi interés, pero me siento bien y tengo estabilidad laboral. Mientras tanto, terminé mi curso de administrador Linux con calificación aprobatoria y me certifiqué. Dos pasos más en esta escalera que recorro hacia lo que quiero lograr.

Reduje mi tiempo en las redes sociales y en los blogs. Lo primero es positivo porque he llegado a la conclusión de que, en Facebook, hay muchas ocasiones en que se habla solo de banalidades sin mucha utilidad; lo segundo… es algo subjetivo. Aprendí que hay que tener una regularidad en las publicaciones, pero no demasiada como para descuidar tu vida y además, dividí mi blog en dos para enfocar mejor mis esfuerzos de escritura creativa y mi pasión por la tecnología.

El amor, se multiplicó. A pesar de las complicaciones, sigo amando a mi esposa y disfruto cada momento con ella. Reímos y lloramos, pero siempre juntos. Tuve la oportunidad de asistir a un curso de coaching donde pude sanar muchas heridas y dejar atrás miedos que tenía arraigados desde hace años. Crecí como persona y me di cuenta de que tengo una gran familia, con la cual -y cito el lema del escudo del Liverpool FC-, nunca más caminaré solo.

Esto, a grosso modo, fue 2014 para mi. Hoy, que ya ha iniciado el segundo día de 2015, escribo esto entre un clima cálido y corrientes marinas. No hice “propósitos de año nuevo” que olvidaré a los dos meses de haberlos establecido. Solo sé que en este año regresaré a leer, a estudiar y me seguiré preparando lo más posible para terminar mi licenciatura y poder certificarme de nuevo en 2017, cuando la validez de la que he obtenido termine, solo que ahora iré por una mejor certificación ¿Será la Red Hat Certified System Administrator? ¿O la CLA (SUSE Certified Linux Administrator)? No lo sé todavía. También puliré y mejoraré mi nivel de inglés antes de iniciar el aprendizaje de un nuevo idioma.

¡Que comience el 2015, que hay muchos días por transcurrir!